jueves, junio 02, 2016

¿Cómo se descubrió la quimioterapia?

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El cáncer forma parte de nuestra sociedad desde tiempos remotos y aún así todavía no se ha encontrado una manera de curarlo realmente efectiva puesto que, lamentablemente, todavía hay mucha gente que no consigue superarlo. Y la cosa es aun más sorprendente si tenemos en cuenta que el principal tratamiento para esta enfermedad, la quimioterapia, se descubrió por casualidad hace 80 años, una época en la que la gente moría por enfermedades que a día de hoy ya se conocen perfectamente.

La historia de la quimioterapia se remonta a la Primera Guerra Mundial, entre el 1914 y el 1918, cuando los alemanes utilizaron el “gas mostaza” por primera vez. Este “gas” no fue el primer agente químico utilizado en la guerra: ya se habían empleado otros compuestos tóxicos. Sin embargo, el gas mostaza fue probablemente el más eficaz.

Irónicamente, el gas mostaza, a temperatura ambiente, no es un gas, es un líquido. Los alemanes lo dispersaban en forma de aerosol o en el interior de bombas de artillería. Al ser inhalado es altamente incapacitante (produce un colapso que requiere semanas o incluso meses de hospitalización) y, a menudo, mortal. Por eso quienes lo lanzaban se veían obligados a llevar máscaras antigás.

¿Y qué tiene que ver el gas mostaza con la quimioterapia?

El Dr Stewart Alexander, de la armada de los EEUU, recibió el encargo de analizar los efectos del gas mostaza en los soldados estadounidenses con la esperanza de encontrar un antídoto capaz revertirlos; y no encontró ningún antídoto, pero sí observó algo que despertó su curiosidad: una variante nitrogenada del gas mostaza, el HN2, era capaz de reducir la división de las células linfoides y mieloides, un tipo de glóbulos blancos caracterizados por una rápida división. A raíz de este hallazgo los farmacólogos Louis S. Goodman y Alfred Gilman fueron reclutados por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para investigar el potencial terapéutico medicinal del gas mostaza.

Los dos farmacólogos formularon una hipótesis: Si la variante del gas mostaza eliminaba las células mieloides y linfoides, quizás también resultaba tóxica en las células cancerosas. Concretamente estudiaron sus efectos (en ratones) en las células de un linfoma, un tipo de cáncer derivado de una proliferación excesiva e incontrolada de células linfoides. Y comprobaron asombrados que su hipótesis era válida. El HN2 interfería de forma significativa en el crecimiento de los tumores.

Tras la primera prueba exitosa en un modelo animal decidieron probar en humanos, concretamente en un paciente que padecía un linfoma. El resultado fue espectacular y el paciente mostró una reducción muy importante de las células del tumor, eso sí, de manera transitoria (después de un tiempo volvió a reproducirse). Aún así, en una época en la que la única solución para el cáncer era la cirugía, el tratamiento con HN2 fue un paso muy prometedor, de hecho, fue la primera prueba de que el crecimiento tumoral podía ser controlado con agentes farmacológicos.

Actualmente el HN2 se sigue utilizando en los tratamientos convencionales contra el cáncer. No siempre lo cura, pero sí es efectivo para retardar el crecimiento, sobre todo en las primeras fases de la enfermedad.

Y así nació la quimioterapia, un tratamiento a base de un fármaco derivado de un compuesto químico diseñado para matar que a día de hoy salva muchas vidas.

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