viernes, mayo 22, 2015

Los moken: la tribu capaz de ver bajo el agua

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El pueblo nómada de los moken abandonó la tierra firme hace unos 4000 años. Originario de la China, migró de sus tierras para deambular por el mar de Andamán, en las actuales Birmania y Tailandia. Sus barcas artesanales de madera, llamadas kabang, les servían no sólo como medio de transporte sinó también como cocina, dormitorio y salón. Actualmente todavía mantienen una cultura ancestral basada en el mar, aunque los moken tailandeses ya no viven en barcas y se han asentado permanentemente en aldeas costeras, en las islas Koh-Surin.

Los moken birmanos todavía llevan una vida nómada y viven en sus barcas Kabang, como sus ancestros. No obstante, gran parte de su vida tradicional está en peligro, pues es perseguida por los Gobiernos tailandés y birmano; ambos temen sus vidas sin fronteras y han tratado de asentarlos permanentemente en parques nacionales.

También denominados los “gitanos del mar”, los moken son delgados y de pelo oscuro, y casi toda su vida transcurre a bordo de barcas de madera. Se alimentan de peces, y los niños aprenden a nadar antes que a caminar. De hecho, debido a la gran cantidad de tiempo que pasan buceando para conseguir comida, son capaces de ver con mucha claridad bajo el agua, como si llevaran gafas de buceo incorporadas. Ésta es la razón por la que a los niños moken se los denomina “niños-pez”. Con la edad los moken pierden la visión subacuática, ya que sus pupilas pierden “elasticidad”.

La primera persona que investigó a fondo esta insólita propiedad fue la bióloga Anna Gislén, que intrigada por los moken, decidió volar desde Copenhague hasta la isla tailandesa de Phuket. Desde allí, tomó un autobús y un barco, con el que cruzó las aguas celestes del mar de Andamán. En unas horas llegó a las islas Koh-Surin, un archipiélago paradisíaco donde se encontró con las primeras familias moken de vida seminómada: cuando estaban en el mar, los moken habitaban cabañas de bambú, construidas sobre pilotes en la playa.

Tras varios experimentos, Gislén descubrió que, en efecto, los moken percibían la realidad bajo el mar con mayor definición que ella. La razón de esa agudeza visual desafiaba las leyes de la anatomía: con una cámara de fotos subactuática descubrió que las pupilas de los niños moken se contraían cuando se sumergían, reduciendo su diámetro hasta sólo 1,96 mm, (generalmente los humanos bajo el agua dilatamos las pupilas hasta alcanzar los 2,5 mm). Como si las pupilas de los moken fueran cámaras de fotos en las que se puede reducir la apertura, aumentando la resolución y la profundidad de campo.

Tras una larga investigación la bióloga concluyó que los niños habían modificado su percepción óptica, desarrollando una especie de sentido adicional, una adaptación a su estilo de vida. De hecho, gracias a su gran conocimiento del agua el pueblo moken tuvo una muy baja mortalidad durante el tsunami del sureste asiático de 2004. Por ejemplo, en la isla Surin del Sur, de los 200 habitantes sólo murió un anciano minusválido.

Su religión es la animista. Creen en los espíritus que habitan en la naturaleza que les rodea. Interpretaron el tsunami como un castigo de los espíritus, “hartos ya del mal uso que hacemos los humanos de la naturaleza”. Y es que los gitanos de mar, nunca han oído la palabra ecología, medioambiente o sostenibilidad, pero saben vivir perfectamente de lo que les ofrece la naturaleza sin explotarla.
“Para los moken, el océano es nuestro universo .Todo ocurre en el mar. No somos personas atadas a ninguna tierra. Allá donde vamos, vamos con nuestras barcas”. Hook Suriyan Natale, hombre moken de las islas Surin

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